Federico Alonso

hay mucho más de lo que se ve

El mercado es un juez sordo y ciego

Dicen que dejamos de verla. Nuestra casa, después de vivir muchos años en ella.

Los ojos siguen viendo esa humedad en la pared, los espacios desaprovechados, o aquel baño desactualizado que, afrontémoslo, conoció tiempos mejores.

Pero al mismo tiempo, te acostumbras a todo

Habituación cognitiva lo llaman los psicólogos, nuestro cerebro normaliza el entorno.

Y lo que se vuelve cotidiano, adquiere una extraña inmunidad a la crítica.

Hasta que un buen día, decidimos vender.

Y en ese proceso, aparece alguien que no sabe nada de tu historia y se permite el lujo de juzgarla sin conocerla.

Tú que llevas años viviendo entre esas cuatro paredes, conoces cada crujido del parquet, recuerdas a tus hijos haciendo los deberes en la mesa de la cocina…

Pero el comprador es un algoritmo humano que hace scroll en su móvil mientras está en el váter.

No sabe nada de tus recuerdos, solo contempla sus posibilidades. Y lo único que suele ver es un anuncio genérico perdido en el océano rojo de algún portal inmobiliario.

Si en pocos segundos tu casa no le pega un buen bofetón visual que le haga exclamar «¡Ou mamma!», continuará deslizando por la madriguera para nunca más regresar.

Aquí sucede algo que cuesta aceptar: llevas diez o veinte años viviendo en una casa que ya no ves y pretendes que un desconocido descubra en 10 segundos todo lo que tú has dejado de mirar… no suele funcionar

Vender una vivienda es algo más que limitarte a enseñar lo que tienes. Consiste en conseguir que otras personas seas capaces de ver su valor. Y eso ya no es tan sencillo.

Por eso antes de hablar de precio, hay que hablar de la vivienda. Qué vale la pena, qué sobra, qué pide a gritos un cambio y qué es mejor dejar tal como está.

Qué es lo que queremos comunicar.

A veces habrá que gastar dinero. A veces habrá que vaciar para que respire el espacio. Y otras tantas descubrirás que lo más inteligente era no tocar absolutamente nada.

Eso es valorización: Hacer solo aquello que da rentabilidad y sentido.

Convertir tu propiedad en la opción más deseable dentro de su segmento de mercado para que alguien muy concreto, antes incluso de visitarla, pueda imaginarse viviendo allí.

Eso es posicionamiento.

Te diré algo, la visita no es el principio de la venta.

Es casi el final de una conversación que ha empezado mucho antes. El día en que vender dejó de ser una idea para convertirse en tu prioridad.

Y quizá este sea el verdadero problema:

Que para que otro vea el potencial de tu casa, primero tienes que volver a verlo tú.

Nosotros nos dedicamos a eso. Descubre su potencial.

PD: Cada semana escribo una newsletter sobre cómo funciona el mercado real, cómo desactivo los sesgos de los compradores, cómo posiciono viviendas y cualquier otra cosa que se me ocurra.

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No tendría mucho sentido fingir lo contrario: somos un negocio y nos gustaría que algún día nos llamases.

Pero antes queremos que entiendas cómo se vende una casa, qué decisiones pueden hacerte ganar dinero y cuáles pueden hacértelo perder.

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Algunas cosas es mejor saberlas antes de hacer nada

Aquí hablaremos de dinero, de casas, de negocios, de mercado, de la vida, de personas y de cualquier otra cosa que nos parezca interesante.

No siempre tendremos razón, pero sí diremos lo que pensamos, eso podría resultarte incómodo.

Si esperas consejos de esos que empiezan por «5 claves para vender una propiedad…» y terminan con una foto de alguien mirando al horizonte, no somos esos.

Si te interesa mirar las cosas un poco más de cerca, es aquí.

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